martes, 3 de abril de 2012

Obsesión: receta sencilla para escribir ficciones



Busque una imagen, foto o escena inspiradora y obsérvela de manera fija y atenta. Es probable que una vez que la eligió, ya no le guste; pero le aviso que no hay vuelta atrás. Analícela: lamentablemente las figuras no hablan. Váyase a dormir e intente soñar con ella.
Cuando ni siquiera en estado alfa logre nada, deje de asaltar la heladera, apague la pc y huya de su casa. Practique yoga, relájese para que circule su energía, utilice posturas invertidas para que se le irrigue bien el cerebro, repita el mantra om con toda la potencia de sus pulmones, intente doblar las rodillas, brazos, cuello, y otras partes de su humanidad, pero no demasiado, no sea cosa que se quede duro en el intento. Después olvídese de la condenada ilustración, tome un buen libro y lea cosas como ésta: "La obsesión se construye... sólo se necesita de un acontecimiento que nos altere drásticamente la vida" o "La obsesión nos hace perder el sentido del tiempo, uno confunde pasado con remordimiento" (Prisión perpetua - Ricardo Piglia
Probablemente descubra que algo comienza a fluir dentro de su cerebro. Igual no se confíe, porque aunque todo escritor en ciernes posee una buena dosis de "obsesión", acostumbra a perder el tiempo y los recuerdos del pasado suelen confundírsele. No sea vago, siéntese y escriba antes de que se le escapen las ideas: garrapatee algo, cualquier cosa, y si no se le ocurre nada, por lo menos invéntese una receta sencilla para escribir ficciones.

martes, 27 de marzo de 2012

Perfección fugaz



La solipsita se sentía única, hermosa, perfecta, irrepetible: la responsabilidad de la existencia del universo, el girar de las esferas, el curso de los vientos, el flujo de las mareas, todo dependía de ella, o eso creía, al menos. El Guardián temió por la supervivencia de las especies y resolvió enfrentarla a la prueba suprema: los espejos.
La solipsita se vio, a sí misma, repetida en cien imágenes. Los puños cerrados golpearon los espejos, una y otra vez, hasta romperlos. Cuando la sangre manchó los fragmentos de cientos de solipsitas, la criatura lloró por primera vez en su vida.


Publicado en el blog: http://quimicamenteimpuro.blogspot.com.ar/

jueves, 19 de enero de 2012

Chiaroscuro



Recién amanecía: era demasiado tarde para irse a dormir y demasiado temprano para ponerse a llorar. La vida te curte, te endurece, incluso puede embrutecerte pero Julián, después de que encontró un niño, envuelto en ese trapo hediondo, durmiendo en un oscuro zaguán, solo deseó salir corriendo. Contrasentidos, contradicciones, el blanco y el negro, el yin y el yang: adentro, el lujo dispendioso y platos con restos de comida, apilados en la cocina. Afuera, la mugre y la vida miserable de los linyeras.

Julián caminó. Caminó por las calles vacías de una ciudad adormilada. Recordó a Amanda y a Carlos, a Luisa y a Jorge y a su soledad de hombre sin pareja estable: los muchos amigos no remplazan al amor. A cierta altura de la noche, después de los brindis y los saludos efusivos, la bebida le había soltado la lengua y por un rato que se le hizo eterno logró experimentar el efímero placer de la venganza. Les dijo a todos y a cada uno lo que pensaba de ellos. Pero nadie se molestó, al contrario, todos reían, festejando lo que llamaron su “peculiar sentido del humor, entre negro y sórdido”. Sus risas lo enardecían más y más, malditos sean todos, pensaba mientras redoblaba la apuesta y arremetía con cizaña destacando los defectos, fallas y vicios de sus amigos. A Amanda, de tanto llorar se le había corrido el rímel, Carlos cabeceaba adormecido, indiferente a los epítetos de “gordo inútil y obsoleto” y “fracasado pelafustán” con que lo describía. Jorge —la copa siempre llena— disfrutaba de la escena como si nada de lo que Julián decía pudiera afectarlo. Solo Luisa, después de las primeras carcajadas, había caído en el silencio, observándolo con sus enormes ojos muy abiertos, como quien contempla a un loco. ¿Loco?, si tal vez lo estuviera, pero los locos, por lo menos, pueden decir impunemente lo que piensan, con la tranquilidad de que nadie se va a ofender, porque están locos. Además, era muy probable que cuando despertaran solo tendrían un recuero ambiguo de esa fiesta de fin de año.

Un sabor acre le subió a la boca y en su garganta nació una arcada. Julián se acercó al cordón de la vereda y vomitó; un fuerte efluvio de alcohol se desprendía del lechoso líquido rojizo con el que enchastró la vereda y su camisa. Se apoyó en un árbol y respiró hondo: se sentía mejor, pero no lo suficiente. Debía regresar; subiría a su auto, se recostaría en el asiento trasero y dormiría hasta que ese odio por la humanidad que le había despertado la borrachera se diluyera una vez más, mutándose en la habitual plácida complacencia. Pero antes haría algo, pensó, porque si el mundo se hunde irremediablemente en la indiferencia, es hora de despertar. Trastabillando y luchando contra el mareo que quería ganarle la partida deshizo las pocas cuadras que había caminado y regresó al punto de partida. En el zaguán, el niño abandonado todavía dormía. Julián buscó la billetera y sacó algo de dinero y se quedó ahí, con el dinero en la mano, mirando al chico. Se lo pondría debajo de la campera que usaba de almohada, subiría a su automóvil y chau. Pero no pudo, la náusea y el mareo fueron más fuertes. Se apoyó en un poste y volvió a vomitar: fue sólo líquido y ese olor pestilente a alcohol. No bebería más, a partir de ese nuevo año no bebería más.

Usó la alarma del automóvil para encontrarlo, con un poco de trabajo logró embocar la llave en la cerradura de la portezuela. Adentro, en el bolsillo de la puerta delantera encontró la botella de agua mineral, bebió un largo trago, se sentó en el asiento y cerró los ojos. Lo envolvió el sopor y su cabeza se deslizó hacia atrás.

Lo despertó un rayo de sol y el insistente gorjeo de los pájaros. La ciudad aún dormía. Bebió más agua y se mojó la cara. Miró el zaguán: el niño seguía allí. Sí, estaba loco, lo sabía, también sabía que se iba a arrepentir, pero se bajó del auto y avanzó hacia el chico. Lo alzó con trapo y todo, y lo acostó en el asiento trasero; después, cerró las puertas de su vehículo, encendió el motor y se alejó.


publicado en: http://brevesnotanbreves.blogspot.com/

martes, 27 de diciembre de 2011

Cuentos del blog: Químicamente Impuro

cuadro de Vladimir Kush


Ya cercano el fin de año, los invito a pasar por el blog Químicamente Impuro,
http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/,  donde encontrarán nuevos cuentos para disfrutar.
Se trata de:
ELLA ME CONOCE BIEN (MOONLIGHT DRIVE MIX) - Alejandro Bentivoglio,
Propio, Uno, el Único y Suyo - Helga Fernández,
El Regreso - Adriana Alarco de Zadra,
Defensa de la tesis – Guillermo Vidal.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Gritos y susurros






Crepitan mis manos,

buscando la quietud

en medio del bullicio,

buscando la armonía

y encontrando olvidos.




Escudriño en mi memoria

recuerdos sutiles,

pensamientos suaves

y encuentro el fuego.

El fuego y la furia.




Cuchicheo, murmullo,

susurro remembranzas

usadas, gastadas,

pero nunca perdidas.

Y las manos las traducen

en palabras

que nacen y son

grito

Un grito en el que estoy,

soy y existo.


Publicado en el blog: http://anillosinvisibles.blogspot.com/

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cuentos Breves no tan breves para compartir

El Blog Breves no tan breves . http://brevesnotanbreves.blogspot.com/ -



 hoy 1° de diciembre se ha actualizado. En él se pueden leer nuevos cuentos. Se trata de:

Último diálogo - Fabián García,

Verdadera historia de la extrañeza - Lilian Elphick,

Solo se permite pasar a los duendes – Esteban Moscarda & Ada Inés Lerner,

 Restos de un naufragio – Guillermo Vidal.

Los invito a pasar por el blog, donde encontrarán éstas y muchas más narraciones.

martes, 1 de noviembre de 2011

La Saga del Universo Perdido



"Eran las tres de la mañana cuando el hombre a quien todos conocían como Marck Damian se estremeció. Su cabeza osciló con un movimiento espasmódico, abrió los ojos y se enderezó en el asiento; la alerta de su correo instantáneo acababa de avisarle que le había llegado un nuevo mensaje.
Una pila de libros cayó al suelo: páginas impregnadas de palabras que destilaban conocimientos sobre ciencia ficción, fantasía y física se convirtieron en una repentina muralla que lo rodeó. Pero la mirada de Marck Damian se mantenía obsesivamente fija en la página abierta en el procesador de textos de su computadora. El monitor le devolvía un luminiscente y blanco vacío."

El texto completo del cuento ha salido publicado en NM22:
http://www.revistanm.com.ar/