El texto completo del cuento se encuentra publicado en el último número de la revista NM,desde el 1° de agosto de 2015.http://www.revistanm.com.ar/
“...yo soy el invisible anillo que sujeta el mundo de la forma al mundo de la idea. Yo, en fin, soy ese espíritu desconocida esencia, perfume misterioso de que es vaso el poeta” Gustavo Adolfo Becker
Mostrando las entradas con la etiqueta ciencia ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ciencia ficción. Mostrar todas las entradas
viernes, 28 de agosto de 2015
Los amos
El texto completo del cuento se encuentra publicado en el último número de la revista NM,desde el 1° de agosto de 2015.http://www.revistanm.com.ar/
viernes, 21 de noviembre de 2014
Su Nueva Oportunidad
Mabel
se abrió paso, a codazos limpios, hasta lograr subir al vagón del subterráneo.
Haciendo piruetas y eludiendo el bolso de un gordo, que ocupaba casi el espacio
de dos personas, consiguió sentarse. El tren arrancó: por las ventanillas
penetraba un poco de aire, demasiado poco para ventilar el olor acre del sudor
y otras emanaciones aún menos agradables que se desprendían de ese conglomerado
de cuerpos humanos.
Cuando
llegó a su destino, tuvo que hacer un similar esfuerzo para lograr descender.
Por fin, la escalera mecánica la condujo hacia la salida y se encontró en la
calle, una calle atestada de transeúntes que iban y venían, caminando a ritmo
frenético. Alguna vez se habían desplazado en colectivos, automóviles, motos y
bicicletas. Pero esa época ya había pasado hacía un par de décadas; el exceso
de vehículos había terminado por causar un caos tal, que solo se pudo
solucionar permitiendo que únicamente los ciudadanos de primera categoría
circularan en sus sofisticados vehículos.
En
la esquina del que alguna vez había sido llamado Palacio de Justicia, ya se
había formado la acostumbrada fila de personas que esperaban pacientemente ser atendidas
en la Oficina Estatal de Asistencia a los Desocupados.
Durante
todo el trayecto —apenas unas cinco cuadras— Mabel fue empujada, golpeada,
pisoteada y llevada por delante, por lo menos una docena de veces. Ya en la
recepción del impoluto edificio donde trabajaba, y tras acomodarse un poco la
ropa, pasó por la arcada electrónica de ingreso, donde insertó su tarjeta
identificatoria.
La
agencia de viajes Su Nueva Oportunidad era el mejor trabajo al que podía
aspirar una ciudadana de segunda categoría como ella. Allí Mabel, junto a un
nutrido plantel de asesoras orientaba a los potenciales clientes: gente acaudalada
dispuesta a pagar una pequeña fortuna para poder viajar a una de las nueve
ciudades construidas en las plataformas satelitales que circunvalaban la
Tierra, tiñendo el cielo nocturno de extraños e incitantes colores. Se decía
que allí existían el espacio, las comodidades y el disfrute del que ya no se
podía gozar en el mundo. Los interesados, una vez prestada su conformidad con
las condiciones de la agencia de viajes, y tras abonar el precio, eran conducidos
a la sala de tele-transportación. Allí, después de acomodarlos en la cabina
donde se debía efectuar la traslación temporal de los aspirantes a colonos
espaciales, Mabel accionaba los controles y completaba la operación de transferencia,
de una manera pulcra e impecable, tal como se le había enseñado en la Escuela
de Instructores.
Sus
clientes partían con una sonrisa satisfecha: no llevaban equipaje, no era
necesario, en las ciudades satelitales encontrarían todo lo necesario. Mabel,
además, le aconsejaba a las mujeres que no llevaran sus alhajas y a los hombres
que dejaran sus relojes, el portar esos inútiles adminículos, rémora de otra
época, podía perjudicar la eficacia de la traslación. Mabel había encontrado la
manera de escamotear joyas y relojes, para luego venderlos en el mercado negro.
Esa
mañana —tras verificar que diez pulseras y treinta relojes se encontraban
perfectamente ocultos entre sus pertenencias— reflexionó que ya pronto tendría
suficiente capital como para convertirse en una ciudadana de primera categoría.
Después, comenzó a verificar en su ordenador los ingresos de la jornada en la
nueva fábrica de chacinados y embutidos que se encontraba en la zona oeste de
la ciudad: durante esa jornada, ella había sido la responsable del ingreso a la
procesadora de treinta nuevas unidades alimenticias que servirían para saciar a
los hambrientos habitantes de la city
porteña.
Una
mancha en el piso, junto a la cabina seis, atrajo su atención; sacó de uno de
los cajones de su escritorio el paño esterilizado que utilizaba para esos
menesteres. Tendría que avisar de la probable falla al equipo técnico. Tras
limpiar y antes de descartar el paño, hizo una pequeña mueca: sí, señor, pronto
dejaría su trabajo.
Concluida
la jornada, Mabel salió a la calle. Buscó la zona de los restaurantes y
desdeñando los tradicionales, entró a uno vegetariano. Mientras tanto, en el
cielo las luces de las nueve seudo ciudades espaciales seducían con sus
reflejos a los incautos habitantes del planeta.
publicado en el blog:
http://brevesnotanbreves.blogspot.com/
sábado, 12 de abril de 2014
Evolución
Soy carne y soy metal.
La carne se hunde
en el metal,
se transforma,
se muta.
Aún existo.
Soy otro y soy
el mismo
La carne y el metal
se fusionan,
se amalgaman.
La sangre ya
no fluye,
no es necesaria.
No hay dolor
ni sentimientos.
Las emociones
ya no son
mi prioridad.
El sol no me quema.
Mi viejo hogar
es solo un punto en el vacío,
una referencia
remota.
Los planetas,
rocas que reflejan la luz
de soles distantes.
La angustia se ha convertido
en una palabra vaga,
sin sentido.
Escuchar tu voz
llamándome es
lo único que altera
mis circuitos
Trato de oler tu perfume,
pero los datos
que recibo
son dispersas distorsiones.
Quiero recuperar tu esencia,
atraparla,
penetrarla,
y te aferro,
estrecho y oprimo
más y más,
hasta que tu alegría
se diluye
en una acuosa sorpresa.
Entonces,
recién entonces,
comprendo.
Etiquetas:
ciencia ficción,
poesía
Mal necesario
La criatura observa al
hombre dormido. Para su gusto, es un ser rústico: los pelos le sobresalen de la
cabeza, del cuerpo, de las piernas y hasta de la punta de la nariz. Su
apariencia es realmente desagradable. Pero debe aceptar que el humano tiene la
suficiente fuerza y agilidad para desenvolverse en su hábitat. Utilizando su
mente le escanea la memoria: el hombre posee aptitudes sociales favorables para
interconectarse con sus semejantes.
La criatura se decide:
es eso o desaparecer en un mundo hostil. Su plástico cuerpo se alza, se estira,
se afina hasta alcanzar las dimensiones necesarias para penetrar por la boca
del humano.
El hombre se ahoga,
tose, se despierta, se incorpora.
Luego, sonríe.
martes, 25 de febrero de 2014
Solución extrema
Por fin, uno de los representantes sugirió: —Estimulemos la creación de nuevas redes sociales en Internet.
—Pedazo de estúpido, Internet ya está saturado de redes sociales, ¿Qué clase de solución es esa?
—Sí, existen, pero hasta el día de hoy las opciones son “me gusta” y “comentar”. Yo propongo un nuevo sitio, que brinde al usuario una tecnología más avanzada, con opciones que oscilen desde el actual “bloqueo” hasta “te corto una mano”, “te serrucho el piso”, “eliminación total”. Todas vendrían acompañadas por herramientas virtuales, lo único real serían los muertos, por supuesto.
Este cuento salió publicado en el blog:
sábado, 16 de noviembre de 2013
Mutagénesis
Mutagénesis
Este cuento, que originalmente había comenzado como un largo diálogo entre dos personajes, un día me pidió crecer, para ser escrito de una manera diferente. Así nació Mutagénesis, una historia que empieza de una manera tranquila y convencional, para luego incrementar su ritmo hasta transformarse en una narración vertiginosa.
El siguiente es solo un párrafo, si les resulta interesante los invito a disfrutar de la lectura del texto completo, que ha sido publicado en el N°30 (Samain 2013) de la revista NM,
http://www.revistanm.com.ar/
jueves, 18 de abril de 2013
Un mundo mejor
"Julio Oliveira odiaba el color gris. En un mundo donde el sol permanecía oculto tras una densa capa de niebla, niebla que teñía de gris casas, vehículos, personas, cosas y las máscaras, esas máscaras con oxígeno que se habían vuelto un adminículo más de la vestimenta de los ciudadanos, Julio Oliveira odiaba el color gris. ...."
El texto completo del cuento "Un mundo mejor" se puede leer en Literatura Virtual:
http://literaturavirtual.angelfire.com/MARIADELPILARJORGE.htm
jueves, 7 de junio de 2012
Apasionadamente Venus
Ann_Té, con un gesto lúdico, hundió sus dedos en el frasco lleno de salmuera y extrajo una lombriz; se la introdujo en la boca y la saboreó. Sham apartó su vista del panel de navegación y observó a la venusina con disimulo: imaginó el sabor picante de la lombriz diluyéndose en la boca de Ann_Té, imaginó a esos labios amarillos, incitantes, recorriendo su cuerpo y lo inundó una oleada de calor. Las reglas de convivencia intergaláctica le impedían relacionarse con los habitantes de otros mundos, pero la mirada de Ann_Té fija en él era demasiado provocativa para ser eludida. La actitud de la muchacha tenía algo de desafío, un desafío que Sham evitó una vez más. Optó por concentrar su atención en las luminiscentes pantallas en las que se podía apreciar el espacio exterior. Dentro de una semana, cuando arribaran a Anouk XV terminaría su suplicio, no la vería más y podría finalizar una relación que jamás había comenzado.
Un imprevisible viraje de la nave regresó a Sham a la realidad y lo obligó a centrarse en los controles de la computadora madre. Solucionado el problema, Sham volvió a zambullirse en sus pensamientos. Especuló que, tal vez, si Ann_Té accedía a instalarse con él, cuando llegaran a destino renunciaría a su tarea de mecánico y navegador y haría las gestiones para que les asignaran uno de los edificios nuevos, modernos y de exterior impoluto que abundaban en Anouk XV. Allí nadie se iba a inmiscuir en sus hábitos sociales y podría disfrutar, sin culpas, de los placeres de la venusina. Por sus trabajos en la Flota le correspondía una anualidad fija con la que ambos podrían convivir. La próxima vez que ella intentara avanzarlo, se lo diría, estaba casi seguro de obtener una respuesta afirmativa. Después de todo, qué tenía que perder.
Pero cuando la volvió a ver, las palabras de Sham murieron antes de ser pronunciadas: el cuerpo de Ann_Té había cambiado, se notaba más grande, redondeado, informe, parecía que la venusina se encontraba a punto de estallar.
—Desovar —aclaró ella, al adivinar sus pensamientos.
Aunque no lograba entender lo que estaba sucediendo, presa de una irrefrenable excitación, Sham preguntó:
—… ¿y yo puedo acompañarte? Te ayudaría con tus pequeños.
—Por supuesto. Ésa siempre fue mi idea: mis crías necesitan alimento.
martes, 27 de marzo de 2012
Perfección fugaz
La solipsita se sentía única, hermosa, perfecta, irrepetible: la responsabilidad de la existencia del universo, el girar de las esferas, el curso de los vientos, el flujo de las mareas, todo dependía de ella, o eso creía, al menos. El Guardián temió por la supervivencia de las especies y resolvió enfrentarla a la prueba suprema: los espejos.
La solipsita se vio, a sí misma, repetida en cien imágenes. Los puños cerrados golpearon los espejos, una y otra vez, hasta romperlos. Cuando la sangre manchó los fragmentos de cientos de solipsitas, la criatura lloró por primera vez en su vida.
Publicado en el blog: http://quimicamenteimpuro.blogspot.com.ar/
martes, 1 de noviembre de 2011
La Saga del Universo Perdido
"Eran las tres de la mañana cuando el hombre a quien todos conocían como Marck Damian se estremeció. Su cabeza osciló con un movimiento espasmódico, abrió los ojos y se enderezó en el asiento; la alerta de su correo instantáneo acababa de avisarle que le había llegado un nuevo mensaje.
Una pila de libros cayó al suelo: páginas impregnadas de palabras que destilaban conocimientos sobre ciencia ficción, fantasía y física se convirtieron en una repentina muralla que lo rodeó. Pero la mirada de Marck Damian se mantenía obsesivamente fija en la página abierta en el procesador de textos de su computadora. El monitor le devolvía un luminiscente y blanco vacío."
El texto completo del cuento ha salido publicado en NM22:
http://www.revistanm.com.ar/
viernes, 7 de octubre de 2011
- Su otra vida -
Penélope teje, teje y recuerda: es lo único que puede hacer en ese mundo muerto, vacío, yermo. Antes había tenido otra vida, todos la habían tenido, ahora los pocos que sobrevivían, se mataban por apoderarse del primer mendrugo olvidado que descubrieran. Las ratas, palomas y alimañas habían desaparecido, devorados por los pocos sobrevivientes que quedaban. Penélope corrió apenas la cortina, la visión de un par de ojos desencajados, en una cara cadavérica y famélica, la hizo retroceder. Se dejó caer en la mecedora y retomando su tejido, se enredó en los viejos recuerdos. En aquella época, infancia llena de reprimendas y mimos, tenían dinero y en la casa sobraba la comida. Gracias a eso, el festejo por el nacimiento de Ulises se celebró como si hubiera sido una epifanía. Todos adoraban su seráfico semblante, él fue siempre el preferido y hasta ella terminó atrapada en su lúdico hechizo. Eres una niña mala... La voz de la madre, regresaba una y otra vez, la voz y aquellas nalgadas… a nadie pareció importarle que su hermano le hubiera destrozado su muñeca favorita, porque Ulises, gran ladrón de galletitas y pastelillos, lloraba. La habían obligado a besarlo. Aquel beso le supo a pastel de frutillas, como el que preparaba la abuela Helena. Pero las peleas y los desencuentros con su hermano continuaron por muchos años. Ahora, después de la gran pandemia, no quedaba nadie: los más ancianos, los más débiles se habían ido en ordenada secuencia. En el crematorio, la solución final, se eliminaba cualquier vestigio del virus culpable de la enfermedad. Penélope acercó la bola de lana a la nariz, hubiera jurado que tenía el mismo sabor de aquel pastel de frutillas, pero en ese momento, un ramalazo de viento le llegó desde la cocina trayéndole el aroma de la comida, esa comida que le duraría por muchos días. Por fin, Ulises haría algo por su hermana: le salvaría la vida.
publicado en el blog: http://brevesnotanbreves.blogspot.com/
sábado, 25 de junio de 2011
Perdidos en Imboc

Tamara miró por la ventana, era temprano y la niebla se notaba muy densa. Había aceptado esa misión, porque la paga le significaba una pequeña fortuna, pero Venus no es un lugar muy tentador como para pasar allí unas vacaciones. Además, lo que tenían que hacer no era un chiste: averiguar lo que había sucedido en Imboc. Uno a uno, los primeros exploradores habían desaparecido sin dejar rastros.
Tamara se vistió con el traje térmico y salió.
La luz del sol traspasaba la niebla, tiñendo todo con los colores del arco iris. Podía decirse que el paisaje era hermoso. Sin embargo, al contemplar la media docena de construcciones que se alzaban en medio de esa inmensidad solitaria, la recorrió un escalofrío. En el campamento no se escuchaba ningún ruido. Sus compañeros aún dormían. Comenzó a caminar, necesitaba estirar un poco las piernas. Un movimiento la sobresaltó, una pequeña criatura había salido de un matorral y la contemplaba fijamente. La mujer y el animal permanecieron quietos por un segundo, luego la bestezuela huyó. Aunque la niebla le entorpecía la visión, Tamara trató de alcanzarla. Sin embargo, unos metros más adelante, una roca le hizo perder el equilibrio y comenzó a rodar por la pendiente. Intentó incorporarse, pero —sin que pudiera hacer nada para evitarlo— se cayó a una oquedad de consistencia esponjosa, que la succionó inexorablemente.
Abajo, una multitud de diminutos seres, zumbando como si fueran un enjambre de abejas, saltaron sobre ella y, a pesar de su resistencia, la inmovilizaron. El que parecía ser el líder, con una sonrisa en su rostro verdoso, se le acercó.
—Bienvenida a nuestra mesa, te damos las gracias por haber llegado, para que nunca nos falte el alimento.
Fue lo último que escuchó. Luego, cientos de minúsculos cuchillos se clavaron en ella.
Tamara se vistió con el traje térmico y salió.
La luz del sol traspasaba la niebla, tiñendo todo con los colores del arco iris. Podía decirse que el paisaje era hermoso. Sin embargo, al contemplar la media docena de construcciones que se alzaban en medio de esa inmensidad solitaria, la recorrió un escalofrío. En el campamento no se escuchaba ningún ruido. Sus compañeros aún dormían. Comenzó a caminar, necesitaba estirar un poco las piernas. Un movimiento la sobresaltó, una pequeña criatura había salido de un matorral y la contemplaba fijamente. La mujer y el animal permanecieron quietos por un segundo, luego la bestezuela huyó. Aunque la niebla le entorpecía la visión, Tamara trató de alcanzarla. Sin embargo, unos metros más adelante, una roca le hizo perder el equilibrio y comenzó a rodar por la pendiente. Intentó incorporarse, pero —sin que pudiera hacer nada para evitarlo— se cayó a una oquedad de consistencia esponjosa, que la succionó inexorablemente.
Abajo, una multitud de diminutos seres, zumbando como si fueran un enjambre de abejas, saltaron sobre ella y, a pesar de su resistencia, la inmovilizaron. El que parecía ser el líder, con una sonrisa en su rostro verdoso, se le acercó.
—Bienvenida a nuestra mesa, te damos las gracias por haber llegado, para que nunca nos falte el alimento.
Fue lo último que escuchó. Luego, cientos de minúsculos cuchillos se clavaron en ella.
publicado en http://brevesnotanbreves.blogspot.com/
miércoles, 9 de marzo de 2011
Bon appétit

Esa mañana, al despertar, supo que le sucedía algo diferente. Se levantó de la cama con dificultad y logró llegar hasta el baño. El espejo reflejó una cara gris, macilenta, en la que asomaban un par de ojos desorbitados. Tenía sed, sed y hambre; trató de beber algo de agua, pero una sensación de asco irresistible lo hizo vomitar un líquido amarillento.
La visión de los alimentos guardados en la nevera le produjo asco. Sin embargo, tenía mucha hambre.
Desconcertado y sin preocuparse por vestirse adecuadamente, salió a la calle para toparse con personas que vagaban como él, desorientadas y famélicas, musitando un pedido inaudible. El hombre también comenzó a vagar, hasta que se cruzó con esa muchacha de largos cabellos lacios y figura andrógina; el dulce aroma de su piel le produjo una rara excitación que lo hizo olvidarse de todo lo demás. Apoyando una mano sobre el hombro de la joven, murmuró:
—Tu eres muy bonita —pero ella lo miró, lanzó un alarido e intentó alejarse corriendo. La mano se convirtió en garra y la atrajo hacia sí con desesperación.
Finalmente, mientras saboreaba extasiado el azucarado sabor de esa piel tan tersa, tan rosada, el zombi comprendió.
publicado en el blog http://brevesnotanbreves.blogspot.com/
La visión de los alimentos guardados en la nevera le produjo asco. Sin embargo, tenía mucha hambre.
Desconcertado y sin preocuparse por vestirse adecuadamente, salió a la calle para toparse con personas que vagaban como él, desorientadas y famélicas, musitando un pedido inaudible. El hombre también comenzó a vagar, hasta que se cruzó con esa muchacha de largos cabellos lacios y figura andrógina; el dulce aroma de su piel le produjo una rara excitación que lo hizo olvidarse de todo lo demás. Apoyando una mano sobre el hombro de la joven, murmuró:
—Tu eres muy bonita —pero ella lo miró, lanzó un alarido e intentó alejarse corriendo. La mano se convirtió en garra y la atrajo hacia sí con desesperación.
Finalmente, mientras saboreaba extasiado el azucarado sabor de esa piel tan tersa, tan rosada, el zombi comprendió.
publicado en el blog http://brevesnotanbreves.blogspot.com/
martes, 1 de junio de 2010
Mi amor en Emzú
Yo vivía pleno, sin necesitar a nadie más, hasta el día que el humano llegó a Emzú. Cuando me vio, sus curiosos ojos, color cielo, se abrieron tan enormes como flores de iv.
Como tributo a su llegada, le ofrecí algunos frutos, pero él huyó. Ese día no lo ví más. La siguiente vez, al descubrirme, emitió sonidos que no pude traducir. Me retiré y él quedó librado a su tarea.
Me dediqué a espiarlo. Confieso que le tenía lástima: cuatro extremidades son muy pocas para cualquier criatura. Con las dos inferiores apenas se lograba mover, las superiores no le alcanzaban. Pero era ingenioso, se ayudaba con pinzas. Recogía muestras de rocas de ebonita y las guardaba en un bolsillo que colgaba de su cubierta exterior.
Cuando decidí dejarlo solo, él comenzó a perseguirme. Al principio, pensé que quería tomar una muestra de mi cuerpo, igual que hacía con la ebonita, pero si me cortan una extremidad tardan varios ciclos hasta que me crece otra. Ahora era yo quien lo rehuía. Pero el día que se acercó a mí agitando una de sus pinzas, comprendí. La gran pinza rugió y una ráfaga de fuego acarició mis escamas.
Fuego, ¡qué placer!, hacía tanto tiempo ya…
Era obvio: deseaba hacerme el amor. Excitado, me acerqué. Empezó a temblar. Temblaba tanto que tuve que prenderle fuego. Aullaba de placer, saltaba. Se revolcó en el suelo. Entonces lo abracé y ardimos los dos. Mis escamas se cayeron y apareció una nueva piel, en cambio cuando él perdió, en jirones, su corteza, sólo quedó una piel roja, hinchada. Había muerto.
Por eso viajé hasta Azor. Ya no puedo existir solo, necesito una mascota, eso sí, que no sea un humano, son muy difíciles de manejar.
publicado en:http://brevesnotanbreves.blogspot.com/
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













