sábado, 11 de febrero de 2017

Atrapado


                                                   El viajero prodigioso
                                                                     - Xul Solar -



El hombre escuchó el disparo. El repentino dolor en el pecho y el calor de la sangre fueron el dato
que completó la ecuación: esa bala era para él. El cemento de la calle se precipitó a su encuentro. Cerró los ojos y espero no ser. La muerte ya no tenía importancia; no  pensaba rendirle a nadie cuentas de sus actos. Tal vez, después de todo, hundirse en el olvido era lo mejor que le podía haber ocurrido.
Oscuridad, pozo, silencio y su conciencia percibiéndolo todo. Algo está mal, pensó, aún existo. Fue entonces cuando ocurrió: las mujeres surgieron de la nada. 
Las mujeres flotaban en un espacio hecho de agua y silencios. Una fría maldad se distinguía en el fondo de sus ojos oscuros. Las largas cabelleras rojizas y las verdes alas membranosas ahuyentaban cualquier visión del paraíso.  Con las manos abiertas, como si siguieran el ritmo de una invisible melodía, avanzaban cantando, mientras agitaban cadenas de oro y otros objetos innombrables.
Las vio acercarse y quiso huir, pero se descubrió paralizado, inerte, indefenso. Pudo sentir el áspero roce de sus ropajes y el golpetear de sus cadenas, cuando atravesaron su cuerpo una y otra vez. Sus armas parecieron hundirse en él. La tibia, gelatinosa agua azulada penetró por todos sus huecos, por todas sus heridas.
Después, oscuridad. Pozo. Silencio. Su conciencia, alerta, presintió el regreso de la luz y con ella, a las mujeres, que nuevamente, avanzaban cantando. Esta vez, aunque no lo miraran ni le hablaran siquiera, ansió el roce, los golpes y las heridas. Permaneció quieto, palpitando en la espera.

Solo una cosa le molestaba: que por sobre esos tenues sonidos ahogados, le llegara, desde muy lejos, el insistente ulular de la sirena de una ambulancia.

                                                                                                                Diciembre de 2015

domingo, 4 de diciembre de 2016

Melancolía

Cristales rotos. Palabras sembradas que intentan acoplarse a un rompecabezas absurdo, donde el pasado es el presente y el presente es solo una palabra. El bar y su música. Una música que evoca corazones rotos, momentos marchitos.  Lamento de una tarde que desfallece.

Melancolía: simple recuerdo de un soñador trasnochado, tal vez un poeta, que pasó junto a mí, sin verme. Ahora, cuando  sus huellas ya se  diluyeron  en el aire, solo me quedan el bar y  una llave con la que intentaré reparar un rompecabezas hecho de palabras interminables.   

viernes, 22 de julio de 2016

Insistente

Correr, huir,sentir el viento  helado en la cara, buscar la quietud, el silencio, la paz de una evaporada soledad. Intentarlo una
 y otra vez hasta que las viejas voces resuciten los recuerdos.

martes, 23 de febrero de 2016

Peligros felinos, 2



Pesadilla:
El gato sueña que está encerrado dentro de una caja de Schrodinger.

sábado, 16 de enero de 2016

Brevísimos




Viajero
Había visitado muchos soles, había cruzado muchos cielos, había soñado con muchas lunas.

Ecos
El sonido de las voces ajenas no lo dejaban escuchar sus propios pensamientos.

Nocturno
En la noche más oscura se pierden las ausencias.



domingo, 6 de diciembre de 2015

Viento de palabras – María del Pilar Jorge y Rafael Vázquez





Cuando el temporal sacude las ramas y agita las hojas de los árboles, busco refugio en mundos escondidos en los poemas. Mientras el agua golpea los vidrios de las ventanas, abro un libro, me visto con sus cálidas palabras y me abrigo de la tormenta. Después, sólo quiero correr y dejar que la lluvia moje mi rostro, mi pelo, mi ropa. Entonces, cierro el libro y dejo de leer tus versos.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Sueños ajenos




Rondas de sueños ajenos trepan por las telarañas de sus pensamientos y la atormentan con visiones de gigantes desgarbados acechándola con sus ojos perversos.
Los monstruos dejan escapar de sus gargantas sonidos sibilantes, gemidos  guturales. Ríen, beben, bailan y pelean en torno de una eterna hoguera en la que crepitan los leños que ellos rescatan para alimentar sus candelas.
Ella desea huir. Si sólo pudiera abrir los ojos lo lograría, pero los extraños no la dejan y la obligan a seguir soñándolos. No es nada personal, es sólo que ellos no quieren disolverse en ese angustiante vacío que deja el final de las pesadillas en el infeliz durmiente.
Por eso, los gigantes danzan y seguirán haciéndolo hasta que el sueño de la mujer se convierta en otro sueño más profundo del que ya no podrá despertar.

Nunca más.