viernes, 21 de noviembre de 2014

Su Nueva Oportunidad




Mabel se abrió paso, a codazos limpios, hasta lograr subir al vagón del subterráneo. Haciendo piruetas y eludiendo el bolso de un gordo, que ocupaba casi el espacio de dos personas, consiguió sentarse. El tren arrancó: por las ventanillas penetraba un poco de aire, demasiado poco para ventilar el olor acre del sudor y otras emanaciones aún menos agradables que se desprendían de ese conglomerado de cuerpos humanos. 
Cuando llegó a su destino, tuvo que hacer un similar esfuerzo para lograr descender. Por fin, la escalera mecánica la condujo hacia la salida y se encontró en la calle, una calle atestada de transeúntes que iban y venían, caminando a ritmo frenético. Alguna vez se habían desplazado en colectivos, automóviles, motos y bicicletas. Pero esa época ya había pasado hacía un par de décadas; el exceso de vehículos había terminado por causar un caos tal, que solo se pudo solucionar permitiendo que únicamente los ciudadanos de primera categoría circularan en sus sofisticados vehículos.
En la esquina del que alguna vez había sido llamado Palacio de Justicia, ya se había formado la acostumbrada fila de personas que esperaban pacientemente ser atendidas en la Oficina Estatal de Asistencia a los Desocupados.
Durante todo el trayecto —apenas unas cinco cuadras— Mabel fue empujada, golpeada, pisoteada y llevada por delante, por lo menos una docena de veces. Ya en la recepción del impoluto edificio donde trabajaba, y tras acomodarse un poco la ropa, pasó por la arcada electrónica de ingreso, donde insertó su tarjeta identificatoria.
La agencia de viajes Su Nueva Oportunidad era el mejor trabajo al que podía aspirar una ciudadana de segunda categoría como ella. Allí Mabel, junto a un nutrido plantel de asesoras orientaba a los potenciales clientes: gente acaudalada dispuesta a pagar una pequeña fortuna para poder viajar a una de las nueve ciudades construidas en las plataformas satelitales que circunvalaban la Tierra, tiñendo el cielo nocturno de extraños e incitantes colores. Se decía que allí existían el espacio, las comodidades y el disfrute del que ya no se podía gozar en el mundo. Los interesados, una vez prestada su conformidad con las condiciones de la agencia de viajes, y tras abonar el precio, eran conducidos a la sala de tele-transportación. Allí, después de acomodarlos en la cabina donde se debía efectuar la traslación temporal de los aspirantes a colonos espaciales, Mabel accionaba los controles y completaba la operación de transferencia, de una manera pulcra e impecable, tal como se le había enseñado en la Escuela de Instructores.
Sus clientes partían con una sonrisa satisfecha: no llevaban equipaje, no era necesario, en las ciudades satelitales encontrarían todo lo necesario. Mabel, además, le aconsejaba a las mujeres que no llevaran sus alhajas y a los hombres que dejaran sus relojes, el portar esos inútiles adminículos, rémora de otra época, podía perjudicar la eficacia de la traslación. Mabel había encontrado la manera de escamotear joyas y relojes, para luego venderlos en el mercado negro.
Esa mañana —tras verificar que diez pulseras y treinta relojes se encontraban perfectamente ocultos entre sus pertenencias— reflexionó que ya pronto tendría suficiente capital como para convertirse en una ciudadana de primera categoría. Después, comenzó a verificar en su ordenador los ingresos de la jornada en la nueva fábrica de chacinados y embutidos que se encontraba en la zona oeste de la ciudad: durante esa jornada, ella había sido la responsable del ingreso a la procesadora de treinta nuevas unidades alimenticias que servirían para saciar a los hambrientos habitantes de la city porteña.
Una mancha en el piso, junto a la cabina seis, atrajo su atención; sacó de uno de los cajones de su escritorio el paño esterilizado que utilizaba para esos menesteres. Tendría que avisar de la probable falla al equipo técnico. Tras limpiar y antes de descartar el paño, hizo una pequeña mueca: sí, señor, pronto dejaría su trabajo.
Concluida la jornada, Mabel salió a la calle. Buscó la zona de los restaurantes y desdeñando los tradicionales, entró a uno vegetariano. Mientras tanto, en el cielo las luces de las nueve seudo ciudades espaciales seducían con sus reflejos a los incautos habitantes del planeta.

publicado en el blog:
http://brevesnotanbreves.blogspot.com/



lunes, 17 de noviembre de 2014

SEGUNDAS JORNADAS INTERNACIONALES DE CIENCIA FICCIÓN



LAS SEGUNDAS JORNADAS INTERNACIONALES
DE CIENCIA FICCIÓN,
organizadas por la Facultad de Filosofía y Letras de la 
Universidad de Buenos Aires y la Facultad de Humanidades
y ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de
La Plata, se llevaron a cabo en la Fundación Williams,(C.A.B.A.)
los días 6, 7 y 8 de noviembre.  

                                                                                                                                                              
Después del Panel Institucional de apertura, a cargo del Dr. Miguel Angel Vedda, la Dra. Chiacchio (UNLP), del Lic. Martín Oliver (Fundación Williams) y del Lic. Gabriel Matelo (UNLP), Carlos Lagrotta expuso el audiovisual:  "En el universo, por las sendas estelares",
 en el que se recrearon partes de películas de ciencia ficción, que se hicieron famosas a través de los tiempos.                             



Tanto la Conferencia Inaugural, como los paneles plenarios y las ponencias de los diferentes expositores se caracterizaron por su calidad y originalidad de enfoque. El material informativo fue abundante y muy disfrutable.


 Las jornadas reunieron, además de a catedráticos, a intengrantes del "fandom", conocidos escritores y editores de revistas web como Axxón, NM, y las revistas Cuásar, de ediciones Cuásar y Próxima, de ediciones Ayarmanot. Cabe mencionar también la presencia de la gente que trabaja en otras publicaciones genéricas, como las revistas Velociraptos y Siwa. 
  Si no llegué a asistir a algún panel, ruego sepan disculpar.



En la conferencia de clausura, Carlos Gardini, entrevistado por Patricia Lozano, expuso sobre los mundos de la ficción especulativa y leyó partes de su último libro "La ciudad de los Césares".




fotografías: María del Pilar Jorge

martes, 21 de octubre de 2014

Presentación del libro "Desnudos sobre el papel"


 “Todo empezó como un juego, tocarse y adivinar. Mi mano se hizo caricia para palpar la piel suave y pude oír tu presentida voz…” ("El gallo ciego", María del Pilar Jorge)
El pasado sábado 18 de octubre se hizo la presentación, en Editorial Dunken, del libro “Desnudos sobre el papel”, en el que fue incluido mi cuento “El gallo ciego”. La compiladora, Carla Demark, en su prólogo señala que “En estos tiempos en los que podemos ver cuerpos despojados de ropa en cualquier sitio, pero nos resulta difícil conectar con la esencia realmente desnuda de otras personas, hay quienes se atreven a romper las barreras que intentan separarnos del otro, para construir a través de sus escritos un puente intangible, pero cierto y profundamente humano”, y cita a Eduardo Galeano, cuando dijo “Y en el fondo, el acto de escribir es una tentativa de tocarse con el otro”.





Esta acción de tocarse con el otro se aplica a “El gallo ciego” porque logré meterme en la piel que de alguien que, aunque la desnudé sobre el papel, lo hice con todo respeto, ya que fue un ser de carne y hueso. 



viernes, 26 de septiembre de 2014

Explicaciones




Que si me nace una sonrisa,

sin un motivo aparente,

que el café está muy frío.

que se me arruga la frente,

que si a la vuelta de la esquina

agitan bombos y platillos

trasnochados murgueros

sin plata en los bolsillos!…


No me pienses distraída,

ni me imagines ausente

El amor no siempre se traduce

en expresiones decentes.

Si necesitas palabras

para saber que te quiero,

no encontrarás las correctas

si me criticas primero




jueves, 25 de septiembre de 2014

Sobrevivientes




Al principio, el temporal fue tomado por un evento meteorológico más, se recurrió a las medidas de rutina y tratamos de retornar a la normalidad. Pero solo había sido el primer anuncio: cuarenta y ocho horas después el tornado azotó la ciudad. Cientos de vidrios estallaron, cayeron árboles y, cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos contando muertos. Los equipos de rescate no se daban abasto para auxiliar a los sobrevivientes.
 La reparación de los daños se convirtió en una tarea lenta e ingrata: hubo personas que pudieron albergarse con familiares o amigos, en los barrios suburbanos o en los poblados vecinos. Pero muchos se resistían a abandonar sus semiderruidas moradas, a pesar de la insistencia por parte de la gente de Defensa Civil en que buscaran lugares más seguros. En medio de esa desorganización, cientos de individuos desorientados y en estado de shock vagaban por las calles.
 La tercera vez el peligro no vino del cielo. Cuando la tierra tembló, el caos fue completo: lo que nos afectaba era un terremoto que tenía su epicentro en el río. Los pulsos se repetían a espacios irregulares y duraban entre 59 y 90 segundos; la intensidad crecía y decrecía desde el 6.1 hasta el 7 en la escala de Richter.
 El saberlo fue suficiente para mí, comprendí que tenía que huir de la ciudad. Fui afortunado, el terror había paralizado a la mayoría y aunque con dificultad, aún se podía transitar por las calles. Cargué una mochila liviana, con lo indispensable, y elegí alejarme en mi motocicleta; en caso de enfrentar a algún derrumbe, podría escurrirme más fácilmente. Por supuesto, cada vez que se repetían los temblores tenía que detenerme.
 Recién me sentí más seguro cuando crucé la ruta para alejarme de la zona urbana. Desde el puente al que había subido pude divisar a una caravana de gente que se acercaba, cada vez más, hacia donde me encontraba. Cuando ya estaban demasiado cerca, decidí tomar una prudente distancia y seguí mi camino. Ellos, como yo, avanzaban atrás, ellos, como yo, buscando sobrevivir, marchaban sin detenerse.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Culpa




Se dice que los delincuentes siempre regresan a la escena del crimen. Pero en este caso sucedía todo lo contrario porque, siempre que se enfrentaba con un espejo, el asesino veía reflejada —con persistencia ponzoñosa—la cara de su víctima.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Presentación del libro Letras del Face 7

Tengo el agrado de anunciarles la presentación del libro Letras del Face 7,  antología en la ha sido incluído mi cuento "Un hombre honesto".












En un ambiente muy cordial y lleno de emoción, el pasado sábado 13 de Septiembre, se hizo la presentación de la Antología Letras del Face 7, antología que incluye cuentos, narraciones y poemas. Me permito citar las palabras con las que el antólogo Francisco Martín Campoy cerró su prólogo: "La era digital impone el predominio de la vista, y en ciertos casos del oído, por sobre los sentidos del tacto y el olfato. Es posible que con el paso del tiempo, futuras generaciones hagan de la lectura en pantalla un hábito generalizado. Pero no puede compararse con la sensación de pertenencia que otorga el libro impreso, sentirse dueño, poder tocarlo y olerlo, trasladarlo, guardarlo. Ver una obra pasmada, con vida. Es frente a esta postura donde lo digital es lo efímero y el libro la eternidad."