domingo, 31 de enero de 2010

Imaginaciones


Imaginar sueños
hechos de luces incandescentes,
de días pasados en rutinas precisas,
o que surgen cuando nos
movemos sin prisa.

Imaginar distancias,
ecos y sonidos,
figuras y
gestos repetidos.

Imaginar regresos
de lugares jamás visitados,
ilusiones, esperanzas,
planes nunca realizados.

Imaginar siempre,
modelarlo en palabras,
construir espacios,
y abrir caminos,
relantado destinos.

Imaginar resúmenes
de nuestros pensamientos
expresarlos, traducirlos,
convertirlos en cuentos

publicado en el blog:
http://poemiafuego.blogspot.com/

martes, 26 de enero de 2010

Rosa, rosa...



Quieto, clavado, crucificado en esa cama blanca, mirando al techo, el hombre busca, desesperadamente, escapar de ese cuerpo que se niega a seguir alojándolo.
Un enjambre de médicos y asistentes transcurren las mañanas. Ese día, como el anterior y el anterior, y muchos más atrás.
Alguna vez quiso vivir. Quiso vivir y seguir haciéndolo, pero su cuerpo se empeñaba en recordarle que había comenzado a suicidarse hacía mucho tiempo ya.
La mujer, al costado de su cama, reza y llora, le suplica que no se vaya, que no la deje.
Las ventanas cerradas impiden que entren otras voces que lo reclaman, como quien llama a un padre, a un maestro, a un dios. Pero él sabe que están ahí, como siempre, aguardando por él, su voz, su sonrisa, su mirada.
Desearía estar en el lugar de cualquiera de ellos y ver el cielo, parado sobre sus piernas, respirando el aire, sorbiendo el viento. Se ahoga, y ¡maldita sea! ese enjambre de uniformes blancos se agita una vez más, y él sigue atado a esa cama, clavado, crucificado.
Cierra los ojos, murmurando palabras que ya no siente, pero el eco de una canción le obliga a abrirlos. Nunca pidas que mi amor se muera… Allá arriba, en el techo de la habitación, descubre una grieta por la que se filtra el frío. Un frío extraño, o quizás ya no tanto, que lo atrapa, lo envuelve, lo calma. Liviano como el aire, así se siente. Aire liviano y helado, eso es ahora, eso y música. Comenzar de nuevo sin ahogarse; sonríe.
Abajo, en la cama, hay sólo un cuerpo. Afuera, en la calle, una ráfaga fría repite la promesa: moriré yo por ti…

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Kuniungüen


Termina el año, y comienzan las vacaciones. Nada mejor que una historia que empieza en las que prometían ser unas apacibles vacaciones.

KUNIUNGÜEN


Sonia contempló absorta como el hombre arrojaba el bolso en el guardaequipajes del micro. Subió, se dejó caer en su asiento y suspiró con alivio. Alcanzó a escuchar la voz impersonal, que desde el micrófono de la Terminal de Retiro, anunciaba la partida. Percibió el bufido de la puerta que se cerraba, el leve movimiento del vehículo, su corazón desacelerarse.
El día anterior había vivido una espera ansiosa de horas que no transcurrían, mientras eludía los interrogatorios de Miguel, quien se había sorprendido mucho ante el anuncio de su inesperado viaje y de su deseo de tomar distancia.
Regresar había sido su decisión. Entornó los ojos y se dejó envolver por los recuerdos.

* * *


Todo había comenzado el último verano, cuando Miguel y ella decidieron irse juntos y solos en una segunda luna de miel. Necesitaban cambiar de ambiente, respirar otro aire, recrear momentos olvidados. A Miguel le gustaba la pesca, ella no conocía la región patagónica.
Finalmente, alquilaron una cabaña en las afueras de un poblado. Increíbles bosques de pinos crecían en las laderas de las montañas. Hicieron excursiones, exploraron, bajaron hasta el pueblo, visitaron el caserío de los indios Mapuches. Disfrutaban. Sonia disfrutaba. Aunque jamás había estado en el sur, sentía como si hubiera llegado a su hogar. Creía reconocer rincones que visitaba por primera vez...


El texto completo de este cuento se encuentra publicado en el Nº5 de la revista NM
http://www.revistanm.com.ar/content/005/index.html

sábado, 19 de diciembre de 2009

Un mundo feliz


Luces opacas, sonidos chirriantes, gente empujándose. Cuerpos enredados en extrañas amalgamas. Respirar olores agrios, para alcanzar una puerta que amenaza cerrarse. En el túnel, una oscuridad sinuosa los traga y los devuelve gastados, viejos, débiles a un afuera hecho de otros olores. Olores a viejo, a soledad, a pobreza.
Después, buscan la salida sin mirar a nadie, zombies de una ciudad alienada que los deja y los excluye.
Finalmente la escalera y más allá el afuera, el aire húmedo de la calle y un regreso al moverse liberados de la cercanía ajena.
Un par de enamorados besándose, son los únicos habitantes de un mundo feliz que a los demás se les escapa, aunque regresarán otro día, y otro, y otro más tratando de encontrarlo

jueves, 17 de diciembre de 2009

La herencia


Cuando murió la anciana no hubo expresiones de tristeza, sólo la calificaron de “tacaña” y “miserable”.
Mientras la familia discutía por sus magros bienes, Susana se apoderó de la llave del desván. Siempre había sospechado que era allí donde la abuela ocultaba sus riquezas.
Con esfuerzo, abrió la puerta. Para su desilusión, sólo halló una marmita, un revoltijo de libros, cuadernos y una innumerable cantidad de frascos que parecían estar vacíos. Abrió uno, y el olor rancio que salió del interior la impulsó a tirarlo, ignorando la gastada etiqueta en la que aún podía leerse: “tratar con cuidado”.
Esa noche, durmió presa de una gran desazón.
Al día siguiente, se levantó torpemente. Fue al baño e intentado despejarse, se mojó la cara.
Fue entonces cuando las vio reflejadas en el espejo. Criaturas amorfas, vestidas con la ropa de sus parientes, recorrían la casa.
publicado en el blog:

domingo, 29 de noviembre de 2009

CHUANG TZU



Ayudado por dos de sus jóvenes nietos, Chuang Tzu da pequeños pasos. La artrosis y sus muchos años —nadie sabe cuantas lunas cuenta ya el anciano— hace rato que dificultan su desplazamiento. Los achaques, paulatinamente, lo han ido privando de los disfrutes más mundanos. Ya no son para Chuang Tzu ni los festines ni las cortesanas.
Pero los males y los dolores no le impiden moverse. Como todas las tardes, a la misma hora —cuando el sol es más cálido— con tozuda tenacidad, avanza por el sendero que lleva al jardín. El jardín con sus plantas, flores y la pequeña fuente que son su orgullo y su único placer.
Asistido por los dos muchachos, quienes lo acomodan con afecto, Chuang Tzu se recuesta en la esterilla. Lanza un largo suspiro. Así, apoyado sobre su brazo más sano, contempla su pequeño refugio: sus flores favoritas, los peces del estanque, las mariposas.
Una mariposa cruza su campo de visión, para titilar tenuemente sobre una planta cercana. El anciano esboza una sonrisa y sus párpados comienzan a cerrarse. Un rumor ronco brota de su boca.
La mariposa vuela sobre Chuang Tzu, un instante, para elevarse hacia el cielo.
Y Chuang Tzu también es mariposa acunándose en la brisa. Colores. Tiene hambre de colores y de néctar, de sabor dulce, suave, fuerte o rancio.
Se emborracha con el néctar de las flores.
Percibe las vibraciones de las hojas meciéndose en el viento y el múltiple murmullo de las abejas.
El placer del momento, la vida es sólo eso: un momento. Un momento que se esfuma, cuando la breve vida de la mariposa concluye.
Eternidad. El viejo en su jardín es eterno, estará allí mañana y el otro mañana, aunque la mariposa muera ahora, después de su baile de néctar y colores.
Y la mariposa sabe que su tiempo se va a acabar con la próxima ráfaga de viento y busca, sigue buscando sabores
Chuang Tzu abre los ojos, emite un bostezo y ayudándose con los codos y las manos, consigue incorporarse y se sienta en postura de loto.
Chuang Tzu medita; ya no le importan ni la artrosis ni los pies doloridos, porque en sus sueños fue mariposa.

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Como Otelo




El amante celoso perseguía imaginarios rivales, tal como el Quijote atacara los molinos de viento

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