martes, 3 de marzo de 2015

El artista


La mujer era joven, bonita, provocadora. Lo había invitado a pasar la noche con ella, pero cuando  quiso hacer su tarea,  comenzó a insultarlo. Eso lo fastidió bastante: estaba harto de que esas pretenciosas mujerzuelas se burlaran de él.
—Ahora por fin  podré trabajar tranquilo — Gruñó, mientras le  hundía su pañuelo de seda en la boca: así, callada, era hermosa.

Satisfecho,  le dedicó su mejor sonrisa: —No te preocupes—, le dijo—. Mi bisturí dibujará flores en tu pecho y afinará tu vientre. En cuanto a tus piernas, podemos cortarlas. ¡Ah!, por cierto, mi nombre es Jack. 

martes, 24 de febrero de 2015

Plumas en el alma - Carlos Enrique Saldivar y María del Pilar Jorge




Cuando despertó, no pudo hablar, lo único que salían de su garganta eran unos graznidos similares a los de un pollo. Esto lo asustó. Sintió un enorme dolor en el cuello y se apresuró a levantarse de la cama. Sus extremidades inferiores tocaron el piso, abrió los ojos y quedó paralizado de terror. Se encontraba en el gallinero. No comprendía qué pasaba; intentó estirar los brazos, pero solo logró aletear. Alarmado, alargó el pescuezo: su cuerpo estaba cubierto de plumas coloradas. Se aplastó contra el piso, intentando pasar desapercibido, para descubrir que el olor a excremento de ave lo excitaba. En ese momento, en el otro extremo del gallinero, entre un montón de plumas alborotadas, surgió la figura de un gallo negro. Unos segundos después, mientras el aire se llenaba de chillidos y cacareos, el gallo le daba la bienvenida a la nueva gallina.


Sobre el otro autor:
 http://biosdelosblogsh.blogspot.com.ar/2012/05/carlos-enrique-saldivar.html


jueves, 19 de febrero de 2015

El superhéroe


Mientras el viento arrastra papeles y cartones por la calle vacía, la lúgubre luz de un farol descubre, en un zaguán, a un chico acurrucado. Indiferente al dolor de la astilla clavada en su pie descalzo, devora los dibujos de una revista de historietas. La lluvia, cruel parámetro de una realidad indiferente, dura una eternidad efímera. Después, el chico ya no está. La única pista de su existencia es el dibujo de un nuevo héroe, que aparece entre las páginas húmedas de una revista abandonada, en un zaguán, bajo un farol.

   

martes, 13 de enero de 2015

Cuento policial



Aún me tortura la expresión de su mirada esquiva, que sigue fija en mí. Descubro sangre escurriéndose de mis manos, y no es la mía.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Miradas







La sensación de miradas que se cruzan,
sin dudas ni prejuicios,
albergando una ternura
que se traduce en mil caricias.
El amor tiene muchas formas
y muchas caras,
pero solo
el de las criaturas
no humanas
contiene esa enorme carga
de inocencia,
que a veces añoramos.

jueves, 25 de diciembre de 2014

La Pelota



No se escuchó una explosión, fue apenas un intrascendente chasquido. Después,  el  auto había seguido su marcha sin detenerse.
 La pelota de cuero parecía un sombrero abandonado entre los adoquines de la calle. Los chicos gritaban. Le gritaron a él, porque la había pateado mal, porque era su culpa. Porque cuando pasa algo, siempre tiene que haber un culpable.
Tomás, las piernas llenas de barro, las manos raspadas,  corrió, como si pudiera alcanzar al auto, como si pudiera hacer algo. Las lágrimas le resbalaban por la cara, mezclándose con su rabia.
—¡Pibe! Pará, pibe, vení un cachito—le gritó don Tito, el dueño del único kiosco del barrio; y él, cabizbajo, derrotado, se acercó despacio, respondiendo al llamado.
—No te  amargues, pibe, eso le pudo pasar a cualquiera de los otros. Ustedes, jugando a la pelota son unos perros. Tomá, ya tendrás otra pelota.

En la mano de don Tito, la enorme barra de chocolate lo atrajo como un imán y pronto su cara se convirtió en una mezcla de llanto, chocolate y risa. Mientras comía, se alejó soñando con esa otra pelota  que algún día iba a llegar.  

sábado, 22 de noviembre de 2014

El otro lado – María del Pilar Jorge y José Luis Velarde

                                                                                                                 Fotografía: María del Pilar Jorge


La muchacha, fastidiada por tener que estudiar la lección de historia, revoleó el libro por el aire. La ley de gravedad cumplió el resto de la tarea y el texto cuidadosamente encuadernado cayó del otro lado del cerco de ligustro. Arrepentida de su arranque y presintiendo que iba a ser castigada por su audacia, la muchacha asomó su cabeza por sobre el cerco, pero no logró ver dónde había caído el libro. Lo que si supo fue que más allá del seto sonreía un joven trazado con letras centelleantes. Retrocedió sonrojada sin dejar de masticar las bayas amargas de la planta.
Un instante después el libro se le estrelló en el rostro. Quiso reclamar, pero el muchacho ya estaba a su lado en un trazo firme y amoroso. Las letras puntiagudas se entremezclaron con las líneas redondeadas de la joven en un grafiti suicida sobre la acera indiferente.



sobre el otro autor:
http://biosdelosblogsh.blogspot.com.ar/2012/04/jose-luis-velarde.html


microficción publicada en:

http://quimicamenteimpuro.blogspot.com.ar/