jueves, 8 de abril de 2010

El sabor de la rutina


Para los que gustan de cuentos más largos y placeres más prolongados, aquí va el comienzo de mi cuento:

EL SABOR DE LA RUTINA


El sol de la mañana despertaba destellos en los ventanales del edificio de la empresa. Maximiliano se detuvo un momento para secarse la transpiración y aferrándose a la mochila que llevaba colgada del hombro, avanzó hacia la entrada.
Adentro nadie le prestó atención.
Ya había llegado la mayoría del personal y todos circulaban de prisa por pasillos y oficinas. Pero a él lo esperaba un trabajo aburrido, mecánico, donde el momento más feliz era aquél en que ponía un pie —siempre el derecho, por la buena suerte— en la puerta de calle y se alejaba de allí.
Era el último día del año, un año tan terrible y desagradable como todos los anteriores.
Un par de lágrimas resbalaron por su rostro rollizo, mientras recordaba. Recordó sus años de estudiante, la muerte de su madre, la enfermedad del padre, su depresión. Terminó abandonando la carrera de medicina y buscó trabajo. Cuando entró a la empresa, el lugar le había parecido una tabla de salvación, casi un hogar. Pero su frustración lo traicionó y comenzó a engordar. Al principio no le dio importancia, hasta que escuchó, por primera vez, nítidas risitas a sus espaldas.
Después siguieron los insultos, el acoso y las burlas descaradas.
Pero che... Con semejante cuerpo te pesan dos bandejas con carpetas, que no se diga...
¡Y ese café para cuándo! Movete gordo.
Podían ir a buscar el café a las máquinas, pero los muy cómodos preferían molestarlo a él.
Había intentado buscar otro trabajo, pero con una carrera a medias, le resultó imposible. Además, pequeño detalle, ya no era tan joven y no tenía “buena presencia”. Comenzó a vivir mascullando su bronca
Maximiliano sentía que en la empresa se había convertido en el payaso fácil de esos infelices. Por eso, mientras rumiaba deseos de venganza, se resarcía haciendo pequeñas maldades...

El texto completo puede leerse en la revista NM - http://www.revistanm.com.ar/

viernes, 19 de marzo de 2010

Un gran amor




Rosa era tan fea como apasionada y celosa. Simón ya no la amaba. Quiso decírselo, pero ella no lo dejó ni hablar.
Dispuesto a deshacerse de la mujer, intentó humillarla. Rosa le dijo que era patético, pero no lo abandonó.
Luego, comenzó a maltratarla y ella lo amó aún más.
Perseguido, acosado, buscó un garrote y la esperó en la oscuridad de un callejón. La aporreó con saña.
Ahora sus noches se han convertido en interminables pesadillas. Ya no puede dormir. Es muy difícil ahuyentar a los fantasmas.


publicado en el blog:http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/

lunes, 22 de febrero de 2010

El galán




Después de un breve matrimonio, que a él le pareció que había durado milenios, logró separarse de su mujer. Fue un divorcio muy duro: debió darle varias trompadas y puntapiés en los tobillos, para que su esposa entendiera que el amor entre ellos había terminado.
De nuevo soltero, se dispuso a disfrutar su bien ganada independencia. Trasnochadas, ir de copas con los amigos y ver todo el fútbol que se le ocurriera a la hora que se le daba la gana fueron su primer y disfrutado logro. Después, salió a la caza de damiselas, pero descubrió que las de veinte ya le llamaban abuelo.
Cuando su departamento ya se parecía más a una covacha que a una vivienda decente, decidió buscar a una señorita casadera, que supiera hacer todas las tareas domésticas y fuera una excelente amante. Logró encontrar a algunas que llenaban esos requisitos, pero tenían hijos ruidosos o directamente lo miraban con lástima.
Pero fue cuando resolvió bajar el nivel de exigencia, que encontró a la mujer perfecta. La ve de vez en cuando y a escondidas, porque el nuevo marido de su antigua esposa es muy celoso.
(fotografía: escena de la película "La dolce vita")

domingo, 7 de febrero de 2010

Hambruna







No fue nuestra culpa. Estábamos famélicos. Por eso, comenzamos a devorar todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Nuestros bocados favoritos eran los viejos, los niños y todo aquel que fuera poco ágil para buscar un rápido refugio. Ahítos, complacidos, recorríamos las calles como grandes señores, exhibiendo aquellos merecidos trofeos: brazos, piernas y alguno que otro miembro pequeño de olor excitante. Los humanos son ingeniosos, pronto recurrieron a las prótesis. Nos llevamos más de un chasco con las piernas ortopédicas. Afortunadamente, algunos lucían su flamante pata de palo. Es bueno afilar los dientes en la madera, mientras uno escucha los chillidos del portador de semejante preciosura. La única forma de callarlo era arrancarle la otra pierna, o, mejor aún, la cabeza. Como lo bueno dura poco, nos quedamos sin provisiones.

Pero… no me mires con esa cara, ¿no tendrás algo para darme de comer?


publicado en el blog: http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/

domingo, 31 de enero de 2010

Imaginaciones


Imaginar sueños
hechos de luces incandescentes,
de días pasados en rutinas precisas,
o que surgen cuando nos
movemos sin prisa.

Imaginar distancias,
ecos y sonidos,
figuras y
gestos repetidos.

Imaginar regresos
de lugares jamás visitados,
ilusiones, esperanzas,
planes nunca realizados.

Imaginar siempre,
modelarlo en palabras,
construir espacios,
y abrir caminos,
relantado destinos.

Imaginar resúmenes
de nuestros pensamientos
expresarlos, traducirlos,
convertirlos en cuentos

publicado en el blog:
http://poemiafuego.blogspot.com/

martes, 26 de enero de 2010

Rosa, rosa...



Quieto, clavado, crucificado en esa cama blanca, mirando al techo, el hombre busca, desesperadamente, escapar de ese cuerpo que se niega a seguir alojándolo.
Un enjambre de médicos y asistentes transcurren las mañanas. Ese día, como el anterior y el anterior, y muchos más atrás.
Alguna vez quiso vivir. Quiso vivir y seguir haciéndolo, pero su cuerpo se empeñaba en recordarle que había comenzado a suicidarse hacía mucho tiempo ya.
La mujer, al costado de su cama, reza y llora, le suplica que no se vaya, que no la deje.
Las ventanas cerradas impiden que entren otras voces que lo reclaman, como quien llama a un padre, a un maestro, a un dios. Pero él sabe que están ahí, como siempre, aguardando por él, su voz, su sonrisa, su mirada.
Desearía estar en el lugar de cualquiera de ellos y ver el cielo, parado sobre sus piernas, respirando el aire, sorbiendo el viento. Se ahoga, y ¡maldita sea! ese enjambre de uniformes blancos se agita una vez más, y él sigue atado a esa cama, clavado, crucificado.
Cierra los ojos, murmurando palabras que ya no siente, pero el eco de una canción le obliga a abrirlos. Nunca pidas que mi amor se muera… Allá arriba, en el techo de la habitación, descubre una grieta por la que se filtra el frío. Un frío extraño, o quizás ya no tanto, que lo atrapa, lo envuelve, lo calma. Liviano como el aire, así se siente. Aire liviano y helado, eso es ahora, eso y música. Comenzar de nuevo sin ahogarse; sonríe.
Abajo, en la cama, hay sólo un cuerpo. Afuera, en la calle, una ráfaga fría repite la promesa: moriré yo por ti…

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Kuniungüen


Termina el año, y comienzan las vacaciones. Nada mejor que una historia que empieza en las que prometían ser unas apacibles vacaciones.

KUNIUNGÜEN


Sonia contempló absorta como el hombre arrojaba el bolso en el guardaequipajes del micro. Subió, se dejó caer en su asiento y suspiró con alivio. Alcanzó a escuchar la voz impersonal, que desde el micrófono de la Terminal de Retiro, anunciaba la partida. Percibió el bufido de la puerta que se cerraba, el leve movimiento del vehículo, su corazón desacelerarse.
El día anterior había vivido una espera ansiosa de horas que no transcurrían, mientras eludía los interrogatorios de Miguel, quien se había sorprendido mucho ante el anuncio de su inesperado viaje y de su deseo de tomar distancia.
Regresar había sido su decisión. Entornó los ojos y se dejó envolver por los recuerdos.

* * *


Todo había comenzado el último verano, cuando Miguel y ella decidieron irse juntos y solos en una segunda luna de miel. Necesitaban cambiar de ambiente, respirar otro aire, recrear momentos olvidados. A Miguel le gustaba la pesca, ella no conocía la región patagónica.
Finalmente, alquilaron una cabaña en las afueras de un poblado. Increíbles bosques de pinos crecían en las laderas de las montañas. Hicieron excursiones, exploraron, bajaron hasta el pueblo, visitaron el caserío de los indios Mapuches. Disfrutaban. Sonia disfrutaba. Aunque jamás había estado en el sur, sentía como si hubiera llegado a su hogar. Creía reconocer rincones que visitaba por primera vez...


El texto completo de este cuento se encuentra publicado en el Nº5 de la revista NM
http://www.revistanm.com.ar/content/005/index.html