jueves, 2 de septiembre de 2010

La niebla


El tren avanza con un suave traqueteo a través de la ciudad cubierta por una densa niebla. Tras una ventanilla, Martín ve pasar el paisaje suburbano como una sucesión de sombras borrosas. Por fin, desciende en la última estación. Bajo el opaco brillo de los focos, los árboles de la plaza parecen sombras hostiles. Escapando de esa bruma que lo impregna todo, jadeante, agitado, entra a la casa. Prende todas las luces y obsesivamente revisa puertas y ventanas. Pero, en la última habitación, por el resquicio de una persiana entreabierta, comienza a filtrarse un hálito de niebla, que mientras toma forma, crece, gime y acecha a su nueva víctima.



Publicado en el blog http://quimicamenteimpuro.blogspot.com/

2 comentarios:

  1. ¡Muy bueno, María! Tenía un recuerdo, así que a lo mejor ya lo había leído ( es la edad que ya me juega estas malas pasadas), pero eso no le resta excelencia al relato.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Miguel, por la visita y la lectura.
    Abrazo

    ResponderEliminar