jueves, 5 de noviembre de 2015

Sueños ajenos




Rondas de sueños ajenos trepan por las telarañas de sus pensamientos y la atormentan con visiones de gigantes desgarbados acechándola con sus ojos perversos.
Los monstruos dejan escapar de sus gargantas sonidos sibilantes, gemidos  guturales. Ríen, beben, bailan y pelean en torno de una eterna hoguera en la que crepitan los leños que ellos rescatan para alimentar sus candelas.
Ella desea huir. Si sólo pudiera abrir los ojos lo lograría, pero los extraños no la dejan y la obligan a seguir soñándolos. No es nada personal, es sólo que ellos no quieren disolverse en ese angustiante vacío que deja el final de las pesadillas en el infeliz durmiente.
Por eso, los gigantes danzan y seguirán haciéndolo hasta que el sueño de la mujer se convierta en otro sueño más profundo del que ya no podrá despertar.

Nunca más.


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